En la práctica del golf, como en cualquier deporte y actividad física intervienen numerosos aspectos, físicos y mentales. Estos últimos y cómo influyen en el jugador son lo que nos interesa hoy.

· Las expectativas: todos salimos al campo con una serie de ideas relacionadas con nuestro juego, con el campo, con nuestro equipo, con nuestro estado físico, etc. En función de todo eso anticipamos y prevemos los resultados. Al terminar la partida, de manera involuntaria se comparan los resultados reales con las expectativas que teníamos. Pueden darse 2 situaciones: una positiva, en la que los resultados reales han sido mejores que las expectativas (por ejemplo, mejor swing o menor hándicap), y una negativa, en el caso opuesto. En el caso de los jugadores que se inician en la práctica del golf, las expectativas funcionan “enganchando” al golfista. Sin embargo, para jugadores con un hándicap menor, las expectativas resultan perjudiciales. En este caso, debemos revisar otros aspectos psicológicos, que ahora comentamos, pero sobre todo lograr minimizar las expectativas a favor de razonamientos y juicios realistas.

· Locus de control: esto se refiere al lugar en que situamos el origen de los resultados. Por ejemplo, ante la situación en que hoy hayamos dado más golpes de lo esperable, podemos considerar que el campo estaba mal o que hoy he tenido mala suerte. Estas explicaciones sitúan fuera de nosotros el origen de los resultados. Un locus de control externo no es positivo en el deporte, ya que nuestra responsabilidad sobre los factores externos es mínima: no podemos cambiar a los demás jugadores, al campo, al clima, a la suerte. Es preferible reflexiones centradas en nuestras propias capacidades, un locus de control interno, tal que “hoy no estaba centrado” o “he tenido problemas para afrontar el green”, ya que sí podemos en nuestras propias capacidades, habilidades y responsabilidad.

· Emociones y nuestro diálogo: las emociones marcan mucho el desempeño de nuestro juego. Acudir alterado al campo, preocupado, triste o ansioso, dificultará sacar nuestro mejor juego. Resulta importante de cara a detectar nuestras emociones observar ese diálogo interno que todos tenemos. Es básico erradicar los derrotismos y fatalismos, los extremismos, las situaciones polarizadas bueno/malo, los “debería de” y los “tengo que”. Así reduciremos la culpabilidad y mejoraremos nuestro estado emocional.

· Atención, concentración y planificación: ser capaces de mantener la atención el tiempo necesario es fundamental en el golf, especialmente en el green. Debemos luchar contra las distracciones, pero, sobre todo, debemos ser capaces de mejorar nuestra concentración. Para ello existen técnicas de relajación (interesantes también para manejar nuestras emociones) y técnicas de visualización.

· Personalidad y motivo de logro: Si bien el golf es un deporte de competición, es ante todo un ejercicio de autosuperación. La motivación hacia el éxito es buena, pero en determinados casos puede ser un grave problema, que puede acabar limitando nuestros resultados. Ante todo, debemos recordar que jugamos para divertirnos, y que hay días mejores y días peores. Como recomendación, ayudar a otro jugador, ser su profesor durante algún tiempo, no pensar en nuestras necesidades sino en las suyas, resulta un ejercicio muy gratificante y que puede desenmarañar nuestras propias dificultades.

César Lázaro González
Psicosol Marbella