Estar saludable significa estar bien equilibrada. Mientras el exterior sufre cambios constantemente, el equilibrio en nuestro cuerpo se logra manteniendo los mismos valores: la temperatura corporal, la presión sanguínea, los niveles de glucosa en sangre, el colesterol y la reservas de grasa. Nuestro cerebro está midiendo continuamente estos valores. Cuando se producen cambios en ellos, el cerebro envía mensajes a ciertas glándulas. Estas, a su vez, producirán hormonas para restablecer el equilibrio.

Un estilo de vida irregular puede interrumpir fácilmente la producción de hormonas, alterando nuestro equilibrio hormonal. Si nuestras hormonas se producen de acuerdo con su patrón natural, nos sentiremos más sanos, más vitales y perderemos peso más fácilmente. Esto se logra viviendo de acuerdo con el ritmo de tus hormonas.

Hay 3 hormonas fundamentales para nuestro bienestar. Se producen siguiendo el ritmo día/noche y son: el cortisol, la melatonina y la hormona del crecimiento.

El cortisol alcanza su punto máximo durante la mañana, reduciéndose gradualmente hasta alcanzar su mínimo durante la noche. A medida que se acerque la mañana, su producción aumentará de nuevo. El pico de cortisol por la mañana se producirá al despertarnos. El nivel más bajo de cortisol durante la noche provocará la caída de la glucosa en la sangre, lo que le permitirá sentirse somnoliento y quedarse dormido fácilmente.

El desequilibrio en esta hormona se produce cuando estamos en una situación de estrés crónico y nuestra curva de cortisol se vuelve más superficial, siendo su nivel demasiado alto tanto durante el día, como por la noche. Será entonces cuando no dormiremos bien, estaremos menos enérgicos al levantarnos y tenderemos a aumentar de peso, especialmente alrededor de la sección abdominal.

Consejo: reducir nuestro nivel de estrés. Esto se puede lograr mediante el deporte, la meditación o cambiando nuestra forma de afrontar nuestro día a día, tanto en lo personal como en lo laboral.

La melatonina, también llamada “hormona del sueño”, se libera por la noche, ya que el nivel de cortisol y de glucosa en la sangre se ha reducido al mínimo y en el exterior está oscuro. Esta hormona es la que nos permitirá dormirnos. Además, es uno de los antioxidantes más fuertes producidos en el cuerpo. ¿Qué puede desequilibrarla? Factores externos como la escasez de luz diurna (por ejemplo, si pasamos mucho tiempo en interiores) puede hacer que nuestro cuerpo pierda el ritmo de producción. Nuestro proceso normal de envejecimiento disminuye también la producción de melatonina. Estos factores, externos y internos, reducirá nuestra calidad del sueño.

Consejo: reducir nuestro nivel de estrés; oscurecer nuestro dormitorio, mantener un ritmo regular de día y noche y asegurar suficientes niveles de luz durante el día. Debemos evitar consultar nuestro teléfono u ordenador cuando nos vayamos a ir a dormir. La luz que emiten estos dispositivos es similar a la diurna por lo que ofrecemos estímulos contradictorios a nuestro cerebro.

La hormona del crecimiento alcanzará su punto máximo entre tres y cuatro horas después de habernos dormido. Esta hormona, durante su sueño nocturno nos garantizará la recuperación de nuetras tensiones y esfuerzos diarios. Su desequilibrio se produce si nuestro nivel de insulina es demasiado alto. En ese caso, la producción de la hormona de crecimiento se retrasa, lo que disminuirá nuestra calidad del sueño así como nuestro sistema inmunológico y el crecimiento muscular se desacelerará y haciendo que la pérdida de peso sea casi imposible.

Consejo: bajar nuestro nivel de insulina siguiendo las reglas de alimentación sana y evitar comer carbohidratos después de las ocho de la tarde.

Natalia Belaiche
Healthy Kitchen Puerto Banús
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