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Las rutinas en el golf

Beautiful woman golfer ready to play golf

Por César Lázaro ( Psicosol Marbella)

Resulta sorprendente comprobar qué parte tan pequeña del día a día manejamos de manera voluntaria y consciente: la gran mayoría de nuestra vida está gobernada por el cerebro, un “tirano” que apenas nos deja libertad: controla la respiración, el latido del corazón, el sistema hormonal, la digestión, el equilibrio, evita que nos choquemos constantemente o que nos caigamos. Pero, menos mal que está ahí para ayudarnos. De lo contrario nuestra vida sería una lucha constante por sobrevivir.
Las conductas que se aprenden empiezan siendo completamente voluntarias, las
practicamos y se convierten en un hábito, en una rutina. No pensamos, por ejemplo, en los movimientos necesarios para llevar una cuchara de sopa a nuestra boca. Lo tenemos
automatizado. Y eso es maravilloso, puesto que el cerebro se “hace dueño” de esa conducta y nos deja libertad para hacer otras cosas. Otro ejemplo es la conducción: de novatos asustadizos a grandes maestros de la conducción gracias a la práctica.
En el golf sucede lo mismo: cuanto más se practica, mejores resultados. Pero no sólo nos
referimos a mejorar el juego. Las rutinas en el golf son fundamentales para afianzar el juego: afrontar el green con unas rutinas adecuadas mejora la confianza, nos libera de tensiones y nos deja más libertad para ser conscientes de lo que nos rodea: humedad del césped, inclinación, distancia, condiciones atmosféricas…

Estas rutinas pueden ser muy variadas y dependen mucho del profesor que nos
enseñó a jugar o de nuestras “manías” personales. Veamos algunas:
Secuencia para colocarse: habrá quien primero haga el agarre, o quien primero
coloque las piernas. Algunos primero se sitúan mientras que otros revisan la distancia… Cada uno ha de seguir su propia rutina, automatizar una secuencia de movimientos.

Afrontar una competición: algunos jugadores prefieren ser de los primeros en salir
al circuito, mientras que otros prefieren ser de los últimos. Otros se pasan mucho tiempo en el campo de prácticas, y otros entran directamente a jugar. Algunos necesitan una larga sesión de estiramientos o movimientos, mientras que a otros no les gusta.

Aunque las rutinas son imprescindibles, son un medio para obtener el fin: mejorar y
reducir nuestro hándicap. No debe convertirse nunca en un fin en sí mismas, puesto
que los jugadores muy maniáticos y rutinarios, a la larga, perderán capacidad de
adaptación, flexibilidad en su juego y llegará un momento en que no mejorarán.