Inicio Entrevistas Margarita Fernández Pascual EX PRESIDENTA DEL COMITÉ FEMENINO DE LA FEDERACIÓN ANDALUZA...

Margarita Fernández Pascual EX PRESIDENTA DEL COMITÉ FEMENINO DE LA FEDERACIÓN ANDALUZA DE GOLF

“El golf es un deporte que te hace lidiar con la frustración permanentemente y eso es algo muy bueno en la vida”

Margarita Fernández es un mujer de mundo, brillante, inteligente y con carácter. Su carrera laboral en el mundo financiero ha estado marcada por el éxito y los constantes traslados. Tras conocer medio mundo, ha decidido que el lugar donde mejor se había sentido y más calidad de vida tenía era Málaga. Por ello, tras prejubilarse, tomaría la decisión de vivir en Benalmádena. Lejos de descansar, su carácter inquieto la llevaría a desempeñar varios cargos en el Real Club de Golf de Guadalmina y a la Presidencia del Comité Femenino de la Federación Andaluza de Golf. Gracias a Margarita, se impuso un nuevo sistema en las competiciones, que será imitado por federaciones de toda España. Son muchas las promesas del golf femenino que ella ha acompañado a campeonatos. La enfermedad de su hermana la haría abandonar momentáneamente su pasión, el golf. Ahora acaba de volver de la Solheim de hacer de voluntaria. Estuvo, entre otras cosas, de score, nada más y nada menos, que en la partida de Azahara Muñoz. Aunque al golf no se iniciara hasta los 32 años, son muchas las interesantes historias que Margarita nos puede contar de primera mano. 

Cómo empezaste en el golf?
Fue en Londres. Yo era directora del Banco Exterior de España y no había jugado jamás, porque mi trabajo no me lo permitía. Allí, todo el mundo juega y, por aquel entonces, tenía una pareja que era buen jugador y se empeñó en enseñarme. Allí, era una cosa de locos, a veces estaba lloviendo a mares y allí estábamos, en el campo de golf. Aprendí con sus palos, de hombre, con handicap bajo y, encima, yo soy zurda. Digamos que la cosa no empezó muy bien, pero he sido muy deportista y creo que a los deportes hay que darles una oportunidad. Me enganchó desde el principio, me pareció que era un deporte excelente porque fomenta el fair play, el respeto por ti mismo, por los demás y por el campo, y eso es algo muy a valorar. Además, es muy técnico y, como soy muy perfeccionista, cuando consigues dar un buen golpe, te sientes muy bien. Luego, crees que el siguiente lo vas a hacer igual de bien y resulta que no. Precisamente, por eso, te engancha, porque hace crecer en ti el espíritu de mejora.

¿Influyó el golf a la hora de elegir Benalmádena? De todos los sitios del mundo en los que había vivido, que eran muchos, la calidad de vida en general, y eso incluye el golf, era muy superior aquí. Sí que pesó el golf, porque yo sabía que aquí podía jugar y podía dedicarle todo el tiempo que quisiera.

¿Cómo llegaste a la Federación?
El presidente de la Federación, Pablo Mansilla, me llamó. Yo no lo esperaba. Cuando vine a Benalmádena, me hice socia de este club, Guadalmina, porque hay un ambiente buenísimo y se hacen can-tidad de cosas por iniciativa de los socios. Es el club de España con más torneos. Me hicieron tesorera de la Sección Femenina, donde estuve cuatro años y también en el Comité de Competición. Entonces, eligieron a Pablo como presidente y él me propuso ser presidenta del Comité Femenino. Le dije que sí, porque me he dado cuenta que el golf para los niños es una maravilla: les enseñaba el respeto a los demás, el querer superarse cada día y, sobre todo, el lidiar con la frustración, que es algo que no te enseñan en ningún lado. El golf es un deporte que te hace lidiar con la frus-tración permanentemente y eso es algo muy bueno en la vida.

¿Qué has aportado a la Federación Andaluza?
Yo me centré en sacar golfistas de base. Al final, las y los golfistas de base son los que van a mantener el golf en el futuro y eso hay que cuidarlo muchísimo. Me ocupé sobre todo de las niñas. Hay una serie de campeonatos nacionales a los que las chicas que tienen buen nivel pueden ir. El único requisito es que su handicap pase el corte. En la mayoría de federaciones, lo que se hacía es que elegían cinco o seis, las que consideraban las mejores, y las llevaba la propia federación y, si quedaban bien, les pagaban el viaje. Entonces, yo instauré un sistema diferente. Yo pensaba que elegir a las niñas era una malísima idea y comencé a organizar expediciones multitudinarias, como de veinte. Yo me llevaba a todas las niñas que pasaban el corte por su handicap, porque las ni-ñas un día juegan bien y otro mal y, al final, te puedes equivocar en la elección. Y, si te equivocas con una niña, le puedes hundir la vida, porque a esa edad no estás preparada para luchar con el rechazo y, si las tenían que llevar tus padres, les costaba muchísimo dinero. Además, al estar con el resto de las niñas, se crea sensación de equipo entre las chicas. Se lo pasaban bomba y hacía que se engancharan al golf.

¿Qué nombres han salido de ese grupo? Marina Escobar y Carmen Belmonte, que ahora están en una beca en EEUU. He llevado a muchas, porque los padres confiaban en mí y me las llevaba a todas. Algunas ahora están en la BLUME o en EEUU, y eso es un orgullo para mí. Yo no las trataba como una madre, sino como un equipo de trabajo profesional. Este sistema me lo han copiado muchas otra federaciones, porque todas iban con pocas jugadoras y llegaba yo con ese montón de jugadoras y, claro, venían todas a nuestro grupo. De hecho, la federación de Madrid me escribió para conocer el sistema y después comenzaron a usarlo también.

¿Cómo has vivido la Solheim de Gleneagles? ¿Cómo la compararías con la de Alemania? En el tema deportivo, elijo la de Escocia, porque la de Alemania acabó con un incidente que no debía haber sido tal. Yo fui marshall del partido de Pettersen en Alemania y vi lo que pasó en ese, porque estaba a tres metros. Todo lo provocó Julie Inkster, la capitana americana. Alison Lee, Pettersen y Charley Hull estaban en green, porque la cuarta jugadora, Brittany Lincicome, había enviado la bola al agua. Pateó Lee y se pasó unos 65 cms. Y el putt de vuelta era cuesta abajo y con caída, no era dable. Pero Lee recogió la bola. El juez les preguntó a todos si había algo que les hiciera pensar que la bola estaba dada. Al decir todos que no, el hoyo se lo adjudicó Europa. A partir de este momento, la capitana americana comenzó a montar el lío. Era el día final y se jugaban los últimos hoyos del partido de parejas, que se había aplazado el día anterior por falta de luz. Por tanto, era la primera hora del domingo y este altercado marcaría todos los partidos del domingo, los americanos pitando y las europeas no tenían las mejores sensaciones y Suzann Pettersen apareció como la mala del la Sol-heim.

Entonces esta Solheim ha hecho justicia… Yo me alegré infinito. Yo estaba allí, en green del 18, en primera fila. Pettersen le dio la bola a la americana y que tenía la posibilidad de no meterla. Pero ella fue y metió el putt… Yo me alegré tanto que me abracé con gente que no conocía de nada, como si fuera mi familia. ¿Qué te parecieron nuestras españolas?Fantásticas, echaron el resto y se echaron el equipo a la espalda. Vi sufrir mucho a Azahara, después del día anterior, muy duro porque las condiciones climáticas era extremas.

¿Qué te pareció la actuación de Catriona Matthew?
Catriona me ha parecido una líder. Creo que, como todos los líderes, no necesita bailar y hacer aspa-vientos. Ella estaba a lo suyo, tomando decisiones y sorprendiendo. Yo me quito el sombrero ante ella.

¿Irás a la próxima Solheim?
No creo, yo lo pasaría fatal, porque el público ame-ricano no me gusta. A mi me gusta el fair play, la ética y el respeto. El público americano no respeta y lo pasaría fatal.

¿Y la Solheim en Marbella, qué te parecería?Me parecería abrir un escaparate al mundo sobre la zona. Además, el tiempo, las infraestructuras, los hoteles… Aquí lo tenemos todo para hacer una ma-ravilla.