Mujer valiente, trabajadora y llena de amor, así es Nancy. Es su gran sonrisa lo primero que ves al llegar a Aloha Golf. Su formación como coach, su interés por otras culturas y su vocación de servicio la convierten en una recepcionista diez. Después de cuatro años en el puesto acude cada día feliz, porque
Mujer valiente, trabajadora y llena de amor, así es Nancy. Es su gran sonrisa lo primero que ves al llegar a Aloha Golf. Su formación como coach, su interés por otras culturas y su vocación de servicio la convierten en una recepcionista diez. Después de cuatro años en el puesto acude cada día feliz, porque lo que hace, le encanta. Madre abnegada, demuestra que “quien la sigue la consigue”. Bella por dentro y por fuera, Nancy destila amor. Su dotes psicológicas y su capacidad de ayuda hacen la vida más fácil a todos los que pasan en algún momento por Aloha Golf.
Llegó a España buscando un mejor futuro para su recién nacida. Era 2002 y los tiempos fueron favorables para la familia, que se dedicó al mundo inmobiliario. Más tarde, la crisis llevaría por delante su negocio y el matrimonio, obligando a Nancy a tomar decisiones: “cuando el papá se fue, se volvió a Argentina, yo le propuse a mi nena volver allí y por suerte, ella me dijo que no. Ahora está estudiando en Inglaterra, tengo el orgullo de haberlo logrado sola. Ella está cumpliendo su sueño y yo aquí acompañándola”.

Aquellos no fueron los mejores momentos, como recuerda Nancy: “en el medio pasamos momentos muy difíciles, pero que agradezco absolutamente porque me definen hoy por lo que soy como persona. Cuando uno lo pasa mal es cuando más crece y más evoluciona”, comenta.
Tocaba reinventarse y Nancy llegó a Aloha: “cuando vino la crisis y me quedé sola, tuve que salir a trabajar en lo que viniera y Cipriano me contrató. Estuve en el chiringuito 4 años. Sin embargo yo, que toda la vida fui de organizar, de gestionar, de solucionar, sentía que necesitaba dar un paso adelante y decidí formarme como coach. Fue un viaje muy lindo de crecimiento en el que me di cuenta que tenía que cambiar, que quería otra cosa para mí. Hice una especialización en gestión emocional y ahí fue cuando decidí renunciar al chiringuito”, recuerda.
Su relación con el club no había acabado: “cuando vine a despedirme, me enteré que una de las chicas de recepción se iba y yo no quería dejar el club. Yo me enamoré del club, lo llevo en el corazón. Me encariñé muchísimo con los socios y fui a por el puesto. Y nada, vine, vine, vine y tuve algunos ángeles que me ayudaron, como el presidente, y aquí estoy. Llevo casi 4 años en reservas.”
Desde entonces, Nancy llega feliz a su puesto de trabajo: “es un trabajo que me gratifica muchísimo porque la palabra “ayuda” me activa. Tengo mucho cariño por el club y por la gente. Yo creo que el amor es lo esencial, siempre y en todo. En la vida se trata de tocar todas las experiencias con amor, inclusive el trabajo. Por eso es que no me cuesta, porque lo hago con mucho cariño y alegría.”
Su día a día lo dedica a la operativa, gestionando las salidas diarias entre otras cosas: “también organizamos el día de las señoras que son los martes, el día de los caballeros, los jueves y el torneo junior. Atender el teléfono, atender el teléfono, atender el teléfono. La otra parte, la que más me gusta, es solucionar aquello que necesiten, desde un certificado de handicap a organizar los grupos.”

Su formación le ayuda muchísimo: “cuando los veo entrar por la recepción ya sé, por su cara, si han jugado bien o mal. Y hay veces que ni les pregunto. No tenemos muchas quejas pero, para mí, la queja es una herramienta muy útil. Si alguien se queja, hay que revisar si tiene razón y cambiarlo o argumentar por qué las cosas son como son, aunque no esté de acuerdo. En la formación como coach aprendes a saber cómo están los clientes”.
Nancy no juega todavía, pero no lo descarta en un futuro: “el golf desde fuera me parece un desafío alucinante porque nosotros jugamos en la fiesta del personal. Yo en el putt, como hay que ser muy preciso y cortito, más o menos, pero en el drive, le pego y la bola no se mueve del tee. Me parece algo que te engancha, además me encanta ver cómo disfrutan. Sí, aprenderé a jugar al golf porque es un desafío y a mí me encantan los desafíos.”
El ambiente de trabajo del Club es inmejorable: “en Aloha hay mucho más que yo, está mantenimiento que son los que tienen el campo soñado ( en el LET todos hablaron maravillas del campo), vestuarios, restaurante, caddie master, que son una piña conmigo y la oficina, el director, el presidente, María, Mari Carmen, Ana, nuestra jefa de operaciones, que es quien me ha enseñado todo y que es mi ídolo”, comenta.
Y muchas son las anécdotas, recuerda especialmente una del pasado Open: “me di el gusto de ir a buscar a Azahara y agradecerle el honor de que viniera, de representarnos en el mundo entero. A mí esos eventos me encantan, no fue trabajo. Se trabajó mucho los días anteriores, los días de torneo son más relajados. Me decían que me fuera a casa, pero no quería. A la hora de salir a pista somos una piña. Y así salió el LET. Todo salió perfecto”, dice orgullosa.












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