Valentina Albertazzi : “No puedo pensar en mejor lugar que Finca Cortesín para seguir creciendo” Valentina Albertazzi soñaba desde niña con dedicar su vida al golf, y lo ha conseguido. Lo que quizá no imaginaba era que su vocación no estaría únicamente en la competición, sino en la enseñanza. Nacida en Turín, en el seno
Valentina Albertazzi : “No puedo pensar en mejor lugar que Finca Cortesín para seguir creciendo”
Valentina Albertazzi soñaba desde niña con dedicar su vida al golf, y lo ha conseguido. Lo que quizá no imaginaba era que su vocación no estaría únicamente en la competición, sino en la enseñanza. Nacida en Turín, en el seno de una familia apasionada por este deporte, encontró en la Costa del Sol el lugar perfecto para construir su futuro profesional.
Desde los cuatro años, el golf formó parte de su vida. Tras probar disciplinas como la gimnasia o la natación, Albertazzi entendió que el golf era diferente: no se medía en segundos, sino en la capacidad de gestionar 18 hoyos, la paciencia y el aprendizaje constante.
Gracias a una beca deportiva, estudió Marketing en Estados Unidos mientras compaginaba su formación académica con largas jornadas de entrenamiento y trabajo familiar en una pizzería. Esa constancia sigue definiendo su carácter hoy.
De jugadora a profesora en Finca Cortesín
Tras finalizar sus estudios, decidió dar un paso más y formarse como Técnico Deportivo a través de la Real Federación Española de Golf. En ese proceso se cruzó con Ricardo Jiménez, director de la academia de Finca Cortesín, quien detectó rápidamente su talento para la enseñanza y la orientó en sus primeras prácticas.
Su carrera profesional comenzó en PG Atalaya, donde consolidó su crecimiento como instructora. Poco después, recibió la llamada para incorporarse al equipo de Finca Cortesín, uno de los resort de golf más prestigiosos de Europa.
¿Cómo fue tu llegada a Finca Cortesín?
«Estaba dando clases en PG Atalaya, un lugar que me ayudó muchísimo a crecer como profesora. Cuando Rubén Holgado decidió emprender otro proyecto, Ignacio Olea contactó conmigo para incorporarme a su equipo. Me pareció una oportunidad extraordinaria, tanto a nivel profesional como personal. No puedo pensar en un lugar mejor que Finca Cortesín para seguir creciendo como profesora de golf. Por todo lo que representa y por las posibilidades que ofrece para desarrollarte.
De repente llegas a este paraíso, ¿Como recuerdas ese primer día?
Para mi fue super emocionante. Todavía hay días que llego aquí y no me lo creo. Me parece un sueño, el sueño de todo profesor de golf. Me siento muy afortunada y muy emocionada por lo que tiene que venir.
¿Habías pensado en algún campo en el que te gustaría impartir clases?
Mi idea era entrar en un campo reconocido, del mismo nivel que Finca y no puedo pensar en ningún campo mejor en España. Y no sólo por lo que representa para el golf femenino, que es algo que siempre he sido parte y a través de la Solheim Cup, sino porque es un lugar donde te permite desarrollar un buen nivel de clase por la tecnología que hay dentro de la Academia y por el perfil de socio y cliente.
¿Era Finca Cortesín uno de los lugares donde te imaginabas trabajando?
«Mi objetivo era llegar a un club de referencia y sinceramente no se me ocurre un lugar mejor en España. No solo por lo que representa para el golf femenino, especialmente después de la Solheim Cup, sino también por el nivel de la academia, la tecnología disponible y el perfil de socios y clientes.
Finca Cortesín ha apostado firmemente por el golf femenino, acogiendo la Solheim Cup y apoyando a jugadoras como Nuria Iturrioz y Ana Peláez. Sé que Ana ha estado recientemente aquí. ¿Has tenido ocasión de coincidir con ella?
Sí. De hecho, hemos impartido juntas un máster para socios que, en mi opinión, fue un éxito. Tengo muy buena relación con Ana. Me parece una persona extraordinaria y una gran jugadora.
Creo que conectamos muy bien. Fue una experiencia muy enriquecedora poder combinar nuestros conocimientos, tanto desde el punto de vista técnico como desde la experiencia en competición, y compartirlos con los socios. Pudimos aportarles perspectivas y consejos que quizás no suelen encontrar habitualmente. Además, contar con una profesora dentro del equipo técnico encaja perfectamente con los valores que representa el club.
¿Qué tipo de jugadores disfrutas más enseñando?
No depende del hándicap ni del nivel. Me encanta trabajar con principiantes y ver la ilusión que sienten cuando consiguen sus primeros buenos golpes y ven volar la bola. Esa emoción es muy gratificante.
Pero también disfruto ayudando a jugadores de nivel avanzado a alcanzar objetivos más exigentes, como jugar al par del campo o mejorar su rendimiento en competición.
Lo que realmente me motiva no es el nivel del alumno, sino ayudarle a mejorar, a disfrutar más del golf y a sentirse satisfecho con su evolución. Me encanta que me llamen para contarme que han ganado un torneo o que han bajado de hándicap. Al final, siento que devuelvo a este deporte una pequeña parte de todo lo que me ha dado a mí.
¿Cuál es tu filosofía como profesora de golf?
Nuestro objetivo como profesores debería ser que cada vez haya más jugadores y que disfruten del deporte durante muchos años.
Por eso considero fundamental que los principiantes salgan al campo desde el principio. Necesitan entender qué es realmente el golf y descubrir todo lo que tiene de especial. Si solo se centran en la técnica durante demasiado tiempo, pueden frustrarse fácilmente.
Para disfrutar del golf hay que jugarlo y comprenderlo. Como profesora, intento conectar siempre lo que trabajamos en las clases con las situaciones reales que los jugadores van a encontrarse en el campo. Es importante que entiendan por qué están entrenando cada aspecto del juego.
¿Cuál consideras que es tu mayor éxito como profesora?
Sin duda, recuperar la ilusión de personas que estaban a punto de abandonar el golf.
He tenido alumnos que llegaban completamente frustrados, sin disfrutar ya de este deporte y cuestionándose incluso por qué seguían jugando. Después de unas cuantas sesiones, vuelven a sentirse motivados, recuperan las ganas de salir al campo y vuelven a disfrutar de la competición. Eso me produce una enorme satisfacción.
¿Tienes alguna frase que repitas habitualmente durante las clases?
Sí, aunque me di cuenta hace poco porque me lo comentaron varios alumnos. Repito mucho: «Poco a poco» o «Step by step».
Cuando una persona está incorporando cambios técnicos suele ponerse más tensa y los resultados no llegan de inmediato, aunque el movimiento sea mejor. Por eso les recuerdo constantemente que tengan paciencia y confíen en el proceso.
¿Qué crees que aportas a la Academia de Finca Cortesín?
Intento adaptar cada clase a la persona que tengo delante. Cada jugador es diferente y necesita un enfoque distinto.
Además, hablar tres idiomas me ayuda mucho a generar cercanía y confianza con los alumnos. Me considero una persona tranquila y procuro transmitir esa calma durante las clases. Quiero que quien entrena conmigo sienta que estoy ahí para ayudarle y acompañarle en su progreso.
Ver a los alumnos ilusionados, motivados y con ganas de volver al día siguiente es probablemente lo que más me llena.
Siempre dices que quieres devolverle al golf todo lo que te ha dado. Sin embargo, de joven soñabas con una carrera profesional en la competición.
Es cierto, pero nunca he sentido que el golf me haya dado menos de lo que esperaba. Todo lo contrario.
Gracias a este deporte he podido estudiar una carrera universitaria, realizar un máster y conocer a personas increíbles. Me ha enseñado valores como la disciplina, la humildad, la paciencia, la tranquilidad y la importancia de los pequeños detalles.
Que finalmente haya orientado mi carrera hacia la enseñanza no significa que el golf no me haya dado muchísimo. De hecho, basta con mirar dónde estoy hoy. Trabajo en un lugar extraordinario, dedicándome a lo que más me gusta y ayudando a otras personas a disfrutar de este deporte. No puedo pedir mucho más.
Hace unos años me hablaste de tu sueño de llegar al golf profesional. ¿Cuándo comprendiste que tu camino iba por otra dirección?
Tuve una lesión importante que me obligó a dejar de competir durante un tiempo. Fue una etapa complicada y ahí empecé a descubrir la enseñanza casi por casualidad.
Incluso antes de comenzar mi formación como profesora ya me había dado cuenta de que disfrutaba muchísimo enseñando. Al mismo tiempo comprendí que la vida del jugador profesional no es sencilla.
Me sigue encantando competir. Siempre que tengo ocasión participo en torneos porque esa sensación es algo que nunca desaparece. Pero la competición profesional puede ser muy exigente, tanto a nivel económico como personal.
Con el tiempo entendí que la enseñanza me aportaba una satisfacción enorme y que podía desarrollar una carrera muy enriquecedora en ese ámbito.
¿Finca Cortesín y la Costa del Sol es el lugar donde imaginas tu futuro?
Ahora mismo sí. Mi familia está aquí y considero que la Costa del Sol ofrece una calidad de vida excepcional.
Hay una enorme cultura de golf, excelentes instalaciones y la posibilidad de trabajar al aire libre durante prácticamente todo el año, algo que en gran parte de Europa resulta imposible.
Me gustaría seguir aquí durante mucho tiempo. Nunca se sabe qué puede ocurrir en el futuro, pero hoy no puedo imaginar un lugar mejor.
Quiero seguir creciendo como profesora y aportar mi pequeño granito de arena al mundo del golf. Mi objetivo es ayudar a que más personas disfruten de este deporte y, en definitiva, generar más felicidad alrededor del golf.












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