Fotos: Elliot Godfrey Si tuviéramos que describir el paraíso sería Cascada Marbella. A cinco minutos del centro se encuentra una casona típica andaluza donde la naturaleza fluye a través del agua. El sonido de la cascada, los pájaros y las ranas, te envuelve relajándome desde que entras en sus jardines. Al olor de las flores
Fotos: Elliot Godfrey
Si tuviéramos que describir el paraíso sería Cascada Marbella. A cinco minutos del centro se encuentra una casona típica andaluza donde la naturaleza fluye a través del agua. El sonido de la cascada, los pájaros y las ranas, te envuelve relajándome desde que entras en sus jardines. Al olor de las flores se unen los de la cocina, que te sorprende con sabores logrados a través de elaboraciones basadas en productos frescos y locales. Los detalles cuidados al máximo y el mimo en el trato consiguen que tu paso por Cascada se convierta en una experiencia inolvidable.
Jacques Legarde, aporta su conocimiento en cocina a través de su trabajo en lugares tan singulares como Nueva Zelanda. Su magia en los fogones radica en sacar, de los productos frescos de la zona, sabores inusuales a través de la técnicas más vanguardistas, eso sí, siempre basándose en la esencia, en la simplicidad. Por su carácter humilde comenzó en Cascada como jefe de equipo, pero en escasas jornadas demostraría su calidad como cocinero: “Yo no quiero una estrella Michelin, yo hago técnicas de ese tipo de restaurante, pero con un menú sencillo, que cuando llega el plato a la mesa perezca normal y la diferencia está cuando lo pruebas. Todo es casero y el producto fresco y local”, expresa Jacques. De origen portugués, el joven chef se formó en Francia y fueron sus inquietudes en busca de sabores las que le impulsarían a viajar. El amor le traería a Marbella y su pasión por la cocina española se nota en sus elaboraciones: “Cada región tiene platos espectaculares, todas las partes de España tienen carnes diferentes, quesos diferentes y vinos distintos y todo fresco. Nosotros nos vamos a la montaña a recoger hierbas aromáticas y a partir de ahí elaboramos un plato. Un día pueden ser cebollas salvajes, espárragos o flores….” , explica.
El entorno donde su ubica Cascada Marbella es inmejorable : “Un lugar en plena naturaleza para descansar de la ciudad, somos el oasis de Marbella asegura Benjamin Jennes. El se ocupa de cada detalle del restaurante, del mantenimiento, las flores y toda la parte administrativa. Junto a él, Marion Renard que se ocupa de las relaciones públicas, le personal y el marketing. Ambos comenzarían con este proyecto cuando hace un año y por casualidad pasaron frente a Cascada y se enamoraron de él. En Jaques han encontrado la misma filosofía, el mismo amor por lo sencillo, por los productos frescos y locales y el servicio cercano: “Nuestros clientes se convierten en amigos porque la cocina es abierta y me gusta verlos y comunicarme con ellos. Hay clientes que me traen verduras de su huerto. Una vez me trajeron nísperos y los probé por primera vez en mi vida y al día siguiente hice un postre con nísperos. La cocina no es un servicio, estás dándole de comer en casa.”, comenta Jaques y Benjamín completa: “Nosotros decimos no a los clientes, preferimos no doblar mesas pero que el cliente esté cómodo y se quede el tiempo que quiera. Queremos que tengan una buena experiencia, desde que entran y ven el sitio, después la comida y luego con el trato del personal”.
Aunque aseguran no quieren tener un plato estrella no podemos de hacer recomendaciones como su ensaladilla, o su chivo, asado a baja temperatura durante 24 horas. Su pan con trufa, sus carnes y pescados a la brasa y sus sorprendentes postres, todo está delicioso. El equipo de Cascada está compuesto por 14 personas, y en cocina no hay dos que compartan la misma nacionalidad, lo que demuestra que el paladar no tiene idioma.


















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